INTIMACIÓN IRREVOCABLE
ESTUDIO JURÍDICO DE LA ETERNIDAD
Representación Exclusiva de la Parte Actora: DIOS
Expediente N.º ∞/PRINCIPIO Y FIN
INTIMACIÓN
IRREVOCABLE DE DESALOJO Y RESTITUCIÓN DE BIENES PRESTADOS
Al ocupante transitorio de una estructura
biológica de duración indeterminada:
Por medio de la presente se le notifica
formalmente que deberá proceder al abandono absoluto del inmueble corporal que
actualmente ocupa bajo contrato precario de existencia.
La fecha exacta de ejecución de esta medida
permanece reservada por razones de administración cósmica.
Sin embargo, se le informa que el plazo
restante es inferior al que usted imagina e infinitamente superior al que
merece su confianza.
No habrá renegociaciones.
No habrá excepciones.
No habrá recursos.
La Eternidad carece de oficina de reclamos.
Consta en nuestros registros que usted dedicó
una porción considerable de su permanencia a discutir aquello que jamás
conoció.
La humanidad ha convertido la ignorancia en
una industria y la opinión en una religión.
Hablan del alma sin haber explorado su
conciencia.
Hablan del amor sin haber vencido su miedo.
Hablan de la verdad como quien describe un
océano observando un vaso de agua.
Resulta curioso.
Lo que menos conocen es precisamente aquello
sobre lo que hablan con mayor seguridad.
A nosotros no nos reúne hablar de lo
desconocido.
Nos reúne el silencio que deja el conocimiento
cuando ya no necesita defenderse.
La verdad nunca fue compleja.
Complejos son los laberintos que construyen
para evitarla.
La verdad, como el amor, requiere pocas
palabras.
Porque ambos poseen una característica
insoportable para los hombres: no necesitan demostrar que existen.
Asimismo, se deja constancia de un error
recurrente observado en la mayoría de los ocupantes.
Han confundido poder con posesión.
Han confundido deseo con libertad.
Han confundido movimiento con progreso.
Han confundido ruido con pensamiento.
Y después se han sorprendido de vivir rodeados
de espejos donde no aparece nadie.
Sepa usted que para un espíritu cultivado
existe un placer más alto que satisfacer un deseo.
Dominarlo.
Porque obtener aquello que se anhela sólo
demuestra que el objeto estaba al alcance.
Negarse demuestra que uno mismo lo está.
El capricho cumplido produce alivio.
El capricho vencido produce soberanía.
Y ninguna corona ha valido jamás tanto como
una conciencia capaz de gobernarse.
Los imperios conquistan territorios.
Los hombres vulgares conquistan personas.
Los espíritus excepcionales conquistan la
parte de sí mismos que se creía inconquistable.
Ésa es la única victoria que no envejece.
Todo lo demás es decoración funeraria.
Se observa además que gran parte de los
ocupantes ha pasado sus días intentando controlar el mundo.
Mercados.
Gobiernos.
Familias.
Amantes.
Vecinos.
Destinos.
Sin advertir que el único reino legítimo
siempre estuvo dentro de ellos.
Y fue precisamente el único que abandonaron a
su suerte.
Llamaron libertad a sus cadenas favoritas.
Llamaron identidad a sus heridas.
Llamaron destino a las consecuencias de sus
decisiones.
Y llamaron casualidad a todo aquello que no
pudieron comprender.
Sobre el particular de la muerte, esta
representación legal considera pertinente aclarar ciertos malentendidos.
Morir no constituye una pérdida.
Constituye una devolución.
Nada más.
Morir es restituirme aquello que les entregué
para aliviar el peso de la nada mientras ascendían hacia la eternidad.
La carne fue un préstamo.
El tiempo fue un préstamo.
La memoria fue un préstamo.
El aliento fue un préstamo.
Incluso el dolor fue un préstamo.
Porque hasta el sufrimiento tuvo la cortesía
de recordarles que estaban vivos.
En consecuencia, todos los bienes mencionados
deberán ser reintegrados a su propietario original al momento de la ejecución
del presente acto administrativo.
Sin resistencia.
Sin dramatizaciones innecesarias.
Sin la arrogancia habitual de quien confunde
haber habitado una casa con haberla construido.
Se informa además que los bienes materiales
acumulados carecen de validez fuera de la jurisdicción terrestre.
La riqueza no será transferida.
La fama no será transferida.
Los títulos no serán transferidos.
Las ofensas tampoco.
Ninguna bóveda atraviesa la muerte.
Ningún aplauso sobrevive al silencio.
Ningún espejo conserva un reflejo cuando
desaparece el rostro.
Sólo permanecerá aquello que logró ser cuando
nadie observaba.
Todo lo demás será archivado bajo la categoría
de ilusiones administrativas.
Finalmente, esta parte considera necesario
señalar una observación de carácter general.
El hombre no teme a la muerte.
Teme descubrir que nunca fue tan importante
como suponía.
Teme descubrir que el universo continuó
girando sin consultar su opinión.
Teme descubrir que la eternidad jamás le pidió
credenciales.
Y, sobre todo, teme descubrir que aquello que
llamó "yo" era apenas una historia que se contaba para no escuchar el
viento.
Por lo tanto, queda usted debidamente
intimado.
Prepare la entrega.
Ordene sus asuntos.
Reduzca sus certezas.
Y recuerde:
La mayoría de las personas busca durante toda
su vida una llave para una puerta que jamás estuvo cerrada.
Quien domina sus deseos posee más riqueza que
quien satisface todos ellos.
La verdad necesita pocas palabras porque no
depende de ninguna.
La muerte no viene a quitarle nada a nadie.
Viene a recuperar lo prestado.
El hombre cree que avanza hacia el futuro. La
eternidad observa cómo regresa.
Usted no está cayendo a través del tiempo. El
tiempo está cayendo a través de usted.
Nadie envejece. Sólo se vuelve visible la
distancia que lo separa de su origen.
El último día no será el fin de su historia.
Será el fin de la ilusión de que le pertenecía.
Notifíquese.
Archívese.
Y cuando sea requerido el inmueble, abandónese
con la misma elegancia con la que fue recibido.
DIOS
Parte Actora y Propietario Universal
Firmado digitalmente antes del nacimiento de
las estrellas.
ESTUDIO JURÍDICO DE LA ETERNIDAD
Departamento de Recuperación de Tiempo, Conciencia y Materia Prestada
“La autoridad se escribe; la
certeza se vive. Confundirlas es creer que una frase firme resuelve una duda
profunda. Lo primero se aprende, lo segundo se conquista.”
-
Thomas A. Riani
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