Los prejuicios de la memoria
La dosis exacta de la crueldad Thomas A. Riani Los extremos se tocan, aunque jamás admitan haberse visto. Uno llega envuelto en la promesa de protegernos; el otro, en la de liberarnos. Ambos construyen sus templos con palabras distintas y, llegado el momento, exigen sacrificios en el mismo idioma. No hay nada más peligroso que una idea cuando deja de considerarse una idea y comienza a creerse una ley natural. El fanático no necesita tener razón: le basta con haber encontrado una explicación que lo absuelva de las consecuencias. Quizá el verdadero problema de las sociedades no sea la elección entre el Estado y el mercado, entre la protección y la libertad, sino nuestra antigua inclinación a convertir cualquier herramienta en una religión. El ser humano tiene una capacidad extraordinaria para fabricar instrumentos y una todavía más extraordinaria para olvidar que fueron fabricados. Después se arrodilla ante ellos, les atribuye una sabiduría que no poseen y les en...