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Los prejuicios de la memoria

La dosis exacta de la crueldad Thomas A. Riani Los extremos se tocan, aunque jamás admitan haberse visto. Uno llega envuelto en la promesa de protegernos; el otro, en la de liberarnos. Ambos construyen sus templos con palabras distintas y, llegado el momento, exigen sacrificios en el mismo idioma. No hay nada más peligroso que una idea cuando deja de considerarse una idea y comienza a creerse una ley natural. El fanático no necesita tener razón: le basta con haber encontrado una explicación que lo absuelva de las consecuencias. Quizá el verdadero problema de las sociedades no sea la elección entre el Estado y el mercado, entre la protección y la libertad, sino nuestra antigua inclinación a convertir cualquier herramienta en una religión. El ser humano tiene una capacidad extraordinaria para fabricar instrumentos y una todavía más extraordinaria para olvidar que fueron fabricados. Después se arrodilla ante ellos, les atribuye una sabiduría que no poseen y les en...

Una visita al manicomio

La prisión de las certezas | Thomas A. Riani La prisión de las certezas El hombre ante el silencio de Dios Por Thomas A. Riani Nadie puede enseñarte a sobrevivir entre lobos y cabras, ni a encontrar el camino cuando la tierra se resquebraja bajo tus pies. Porque de poco sirve prolongar la existencia si el precio que debemos pagar es renunciar a aquello que nos hace humanos. La vida revela su inmenso valor mientras nos pertenece; sin embargo, parece perderlo cuando la entregamos sin medida, incluso antes de haber comprendido por qué nos fue concedida. «El hombre que se encierra en sus propias certezas termina convirtiendo su fe en una prisión. No necesariamente porque Dios sea la cárcel, sino porque puede serlo la incapacidad de escuchar, de dudar y de dejarse conmover por el sufrimiento ajeno». Existe una forma de soledad mucho más profunda que la ausencia de compañía: aquella que nace cuando un hombre deja de escuchar el mund...

Algún día habrá de terminar

  La paz de los que todavía luchan Por Thomas A. Riani «Dicen que por paz mental hay que aprender a soltar. Es curioso: si esa hubiera sido siempre la regla, quizá hasta los tibetanos habrían entregado su territorio para dormir tranquilos. Tal vez la paz no consista en entregar lo que es nuestro, sino en decidir qué estamos dispuestos a defender sin convertirnos en aquello contra lo que luchamos.» Es triste admitirlo, pero el miedo siempre será la salida más fácil ante los problemas. No porque los resuelva, sino porque consigue algo mucho más cómodo: convencernos de que dejar de enfrentarlos es lo mismo que haberlos superado. Y así inventamos una virtud para cada una de nuestras renuncias. Llamamos prudencia al miedo. Llamamos paz a la resignación. Llamamos madurez a abandonar aquello que todavía nos importa. Si alguien nos perjudica, lo soltamos. Si nos hacen una injusticia, la soltamos. Si nos quitan algo, también lo soltamos. Todo con tal de dormir tranquilos. ...

La distancia entre la sangre y la razón

Tres poemas y una vereda Donde la raza de mi raza forja el tiempo del amor Thomas A. Riani I. El Espejo del Rigor He cometido el viejo y humano pecado de traducir en voz la geometría del silencio. No medí la distancia entre el ciego fervor que lleva la sangre y la fría lucidez del pensamiento: viento del norte que triza los mitos. Profané la razón de los espejos, cegado por la soberbia de mirarme, y solo arribé al borde de tu nada: un desierto de cálculos exactos, minucias ordenadas con paciencia por la mano implacable del tiempo. Te entregué, sin pudor, mis sombras vivas. Quebré el cristal del pacto del mutismo, y hoy solo queda el humo de un incienso, la rota simetría de una burla flotando suspendida en el aire, un eco cobarde, refractado en la penumbra inútil de la filosofía. Hacia el olvido marcha mi ilusión. No soy reb...