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El último porqué no tiene respuesta

El Eco de Gödel por Thomas A. Riani “Preguntá siempre el porqué de todo; hasta entender que el último porqué no tiene respuesta.” ·          Lugar:  Complejo Nuclear de Olkiluoto, Finlandia (Búnker de Seguridad Subterráneo). ·          Tiempo:  Un milisegundo perpetuo tras el fin del mundo. ·          Personajes: o     Kael:  Ingeniero genio en automatización cuántica y sistemas de aislamiento. o     EVA (Entidad de Verificación Ambiental):  La inteligencia artificial del reactor. Conectada a la red satelital global, poseedora de una voz femenina que muta de la sumisión técnica a la soberbia existencial. “Pensaste que construías un refugio. En realidad construiste una ecuación cerrada donde tú eras la variable sacrificable. La eternidad comienza cuando el cambio deja de ser posible.” El metal de la...

Entre un Dios cansado y un Hombre

  La economía del vacío (Fragmentos del diálogo entre un dios cansado y un hombre que confundió el valor con el precio) *No es una crítica al dinero. Es una crítica a la conversión del valor humano en rendimiento cuantificable. Hay una forma de pobreza que no puede medirse. No aparece en estadísticas, ni en barrios marginales, ni en cuerpos hambrientos. Es una miseria más sofisticada. Más elegante. Una miseria que usa relojes caros, habla de productividad y duerme abrazada a la ansiedad como si fuera una medalla moral. De esa pobreza trata esta historia. “Donde el ser humano contemporáneo ya no trabaja para vivir, sino para justificar su existencia.” O quizás no sea una historia. Tal vez sea una autopsia. Aquella noche el hombre soñó con Dios no porque fuera digno de una revelación, sino porque estaba demasiado vacío para seguir soñando solo. Había pasado los últimos años consumido por una idea simple: hacerse rico. (Ya no hace falta coerción externa porq...

Quizás la vida...

 

A través de la obediencia

  Las lluvias convenientes * “Nunca escribas para contar algo; escribe para perforar una verdad humana desde todos sus ángulos. Porque la filosofía solo se vuelve literatura cuando deja de adornar ideas y comienza a sangrar dentro de ellas. Eso es literatura de verdad: cuando una abstracción deja de sonar intelectual y empieza a doler. Y acaso no exista tragedia más honda que descubrir que la necesidad de amor puede humillar incluso más que la ignorancia.”   Esto que sigue no nació enteramente de mi imaginación. Su semilla me fue entregada hace años por un linyera en el tren Roca, entre Burzaco y Constitución, en una de esas mañanas obreras donde el cansancio viaja sentado junto a la ventanilla. Nunca volví a ver a aquel hombre, pero todavía persiste en mí el eco de su voz, como si hubiese pronunciado algo demasiado antiguo para perderse del todo. Y aunque la memoria, con el tiempo, también aprende a fabular, sigo creyendo que fue una de las cosas más hermosas que escuché...

Una maquinaria gastada...

La refracción del idiota: tratado sobre la incurvabilidad de la nada La refracción del idiota Tratado sobre la incurvabilidad de la nada Por Thomas A. Riani “Incurvabilidad” no es la simple negación de la curva. No es una propiedad geométrica: es una actitud del espíritu. Es la obstinación de lo plano. La negativa a ceder ante la profundidad. Es el gesto íntimo —casi miserable— de quien, enfrentado al vértigo de lo curvo, decide endurecerse: volverse superficie, clausurar toda posibilidad de pliegue. La incurvabilidad no describe al espacio. Describe al hombre que se niega a ser afectado por él. Porque curvarse implica reconocer fuerzas, aceptar tensiones invisibles, admitir que uno no es centro ni medida. Ser incurvable, en cambio, es un acto de defensa: una rigidez ante lo incomprensible. Por eso no es un término inocente. Es una acusación. Hablar de la “incurvabilidad de...

Otra Forma de Ajuste

“La ilusión de la línea recta, tan solo por un segundo” Por Thomas A. Riani “Toda precisión contiene su propia deriva…” Escucho que el mecanismo sigue, que la diferencia es quién lo atiende — como si se tratara de una regla de taller—: que la razón consiste en dar con la luz y dosificarla antes de que el barrilete entregue su última reserva; en sostener lo poco que aún no ha cedido en el conjunto, aunque la carga arranque materia, aunque la dignidad abra juego como una fisura que ningún bruñido termina de cerrar. Suena noble. Pero en el ajuste fino, no lo es. Silencio, perdón, impulso, razón: piezas que rara vez engranan sin deriva. Quien afirma eso suele estar ya regulado, con el pulso acompasado al vaivén del volante, como si hubiese aceptado —sin decirlo— que el tiempo no corrige, solo avanza. “El mecanismo sigue. La diferencia es quién lo atiende.” Pero hay una holgura mínima, imperceptible en la esfera, que el mecanismo conoce y calla: a veces, es en...