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Algún día habrá de terminar

  La paz de los que todavía luchan Por Thomas A. Riani «Dicen que por paz mental hay que aprender a soltar. Es curioso: si esa hubiera sido siempre la regla, quizá hasta los tibetanos habrían entregado su territorio para dormir tranquilos. Tal vez la paz no consista en entregar lo que es nuestro, sino en decidir qué estamos dispuestos a defender sin convertirnos en aquello contra lo que luchamos.» Es triste admitirlo, pero el miedo siempre será la salida más fácil ante los problemas. No porque los resuelva, sino porque consigue algo mucho más cómodo: convencernos de que dejar de enfrentarlos es lo mismo que haberlos superado. Y así inventamos una virtud para cada una de nuestras renuncias. Llamamos prudencia al miedo. Llamamos paz a la resignación. Llamamos madurez a abandonar aquello que todavía nos importa. Si alguien nos perjudica, lo soltamos. Si nos hacen una injusticia, la soltamos. Si nos quitan algo, también lo soltamos. Todo con tal de dormir tranquilos. ...

La distancia entre la sangre y la razón

Tres poemas y una vereda Donde la raza de mi raza forja el tiempo del amor Thomas A. Riani I. El Espejo del Rigor He cometido el viejo y humano pecado de traducir en voz la geometría del silencio. No medí la distancia entre el ciego fervor que lleva la sangre y la fría lucidez del pensamiento: viento del norte que triza los mitos. Profané la razón de los espejos, cegado por la soberbia de mirarme, y solo arribé al borde de tu nada: un desierto de cálculos exactos, minucias ordenadas con paciencia por la mano implacable del tiempo. Te entregué, sin pudor, mis sombras vivas. Quebré el cristal del pacto del mutismo, y hoy solo queda el humo de un incienso, la rota simetría de una burla flotando suspendida en el aire, un eco cobarde, refractado en la penumbra inútil de la filosofía. Hacia el olvido marcha mi ilusión. No soy reb...

Y el Destino

  El Casino del Humo y el Destino Por Thomas A. Riani Piensen abiertamente: la tecnología médica avanza tan rápido que quizá llegue el día en que nadie esté realmente sano, no porque estemos más enfermos, sino porque ahora podemos descubrir cada pequeña falla del cuerpo. Antes uno tenía un dolor y seguía caminando; hoy tiene un dolor, tres análisis y una aplicación que le explica por qué debería preocuparse. Tal vez el problema no sea saber demasiado, sino no saber qué hacer con todo lo que sabemos. Hemos conseguido vivir más tiempo y, de paso, inventamos nuevas formas de preguntarnos si estamos vivos correctamente. Quizá no sea bueno saberlo todo. Algunas cosas el cuerpo las entiende mejor que nosotros. «La salud y el destino tienen una semejanza incómoda: ambos nos recuerdan que nunca controlamos todas las cartas que recibimos.» La gente se pasa la vida haciendo planes. Dibuja mapas de carreteras que todavía no existen, levanta casas sobre terrenos que aún no compró y le ...