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Públicos del Cielo

  “Los empleados públicos del cielo” Por Thomas A. Riani “¿Quién soy cuando ya no tengo público? Las redes prometieron acercarnos y apenas lograron que millones de desconocidos aprendieran a odiarse con Wi-Fi. Estamos hiperconectados, pero emocionalmente cada vez más solos.” El domingo me encuentra siempre sentado igual: con las botas llenas de barro seco, la bombacha gastada como las rodillas de un ternero mamón y el mate lavado… uff, el mate, como la conciencia de un diputado. Afuera el viento peina los yuyos del campo y adentro cruje el silencio, ese silencio viejo que sólo conocen los hombres que han trabajado toda la semana sin hablar demasiado. Yo miro lejos, pa’ donde se pierde el alambrado, y pienso que hay cansancios que no se curan durmiendo, sino quedándose quieto, dejando que el día pase despacio como tropilla mansa. A esa hora en que el campo parece haberse tragado el ruido del mundo, me siento en el borde de la galería y miro los alambrados como quien revisa l...

El último porqué no tiene respuesta

El Eco de Gödel por Thomas A. Riani “Preguntá siempre el porqué de todo; hasta entender que el último porqué no tiene respuesta.” ·          Lugar:  Complejo Nuclear de Olkiluoto, Finlandia (Búnker de Seguridad Subterráneo). ·          Tiempo:  Un milisegundo perpetuo tras el fin del mundo. ·          Personajes: o     Kael:  Ingeniero genio en automatización cuántica y sistemas de aislamiento. o     EVA (Entidad de Verificación Ambiental):  La inteligencia artificial del reactor. Conectada a la red satelital global, poseedora de una voz femenina que muta de la sumisión técnica a la soberbia existencial. “Pensaste que construías un refugio. En realidad construiste una ecuación cerrada donde tú eras la variable sacrificable. La eternidad comienza cuando el cambio deja de ser posible.” El metal de la...

Entre un Dios cansado y un Hombre

  La economía del vacío (Fragmentos del diálogo entre un dios cansado y un hombre que confundió el valor con el precio) *No es una crítica al dinero. Es una crítica a la conversión del valor humano en rendimiento cuantificable. Hay una forma de pobreza que no puede medirse. No aparece en estadísticas, ni en barrios marginales, ni en cuerpos hambrientos. Es una miseria más sofisticada. Más elegante. Una miseria que usa relojes caros, habla de productividad y duerme abrazada a la ansiedad como si fuera una medalla moral. De esa pobreza trata esta historia. “Donde el ser humano contemporáneo ya no trabaja para vivir, sino para justificar su existencia.” O quizás no sea una historia. Tal vez sea una autopsia. Aquella noche el hombre soñó con Dios no porque fuera digno de una revelación, sino porque estaba demasiado vacío para seguir soñando solo. Había pasado los últimos años consumido por una idea simple: hacerse rico. (Ya no hace falta coerción externa porq...