La distancia entre la sangre y la razón

El Espejo del Rigor

He cometido el viejo y humano pecado
de traducir en voz la geometría del silencio.
No medí la distancia
entre el ciego fervor que lleva la sangre
y la fría lucidez del pensamiento:
viento del norte que triza los mitos.

Profané la razón de los espejos,
cegado por la soberbia de mirarme,
y solo arribé al borde de tu nada:
un desierto de cálculos exactos,
minucias ordenadas con paciencia
por la mano implacable del tiempo.

Te entregué, sin pudor, mis sombras vivas.
Quebré el cristal del pacto del mutismo,
y hoy solo queda el humo de un incienso,
la rota simetría de una burla
flotando suspendida en el aire,
un eco cobarde, refractado
en la penumbra inútil de la filosofía.

Hacia el olvido marcha mi ilusión.
No soy rebaño, sino pieza herida
que perdió su partida en el reverso;
un número estéril en el margen
de un libro que las sombras van borrando,
un simulacro que la bruma devora.

Te hablé para que supieras la sentencia.
Habitaré el olvido y su distancia,
allá donde las formas se fatigan.
Seré lo que el destino dicte, ajeno
a mi propia ansiedad, mientras persistas
bajo el rigor del azogue,
donde, como el primer día, todavía te pienso.

Thomas A. Riani

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