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Mostrando entradas de enero, 2026

La Abundancia Estéril

La ilusión de la riqueza en un mundo empobrecido “No hay capital sin entorno: lo demás es desperdicio contable. La normalización del desgaste es su padre; el colapso, su herencia...” Amaga la tarde con llover, y yo, que riego mi propio jardín, siento cómo el olvido, como mala hierba, vuelve a crecer en los ribazos de mi memoria, fiel a tantos veranos torcidos. Hoy, dos de febrero, escribo esto sin fe en la verdad, sin esperanza de salvar nada: apenas una intuición, un susurro que me habita y se sostiene con esfuerzo. Afuera, la lluvia golpea lo ya mojado, levantando un estrépito antiguo, un murmullo profundo de las cosas que no piden permiso. Riego mi jardín cansado y, aun sabiendo que es estéril, me entrego a ello con el agua tibia y necesaria de mi propia y nuestra propia sed. Cada gota que cae entre las hojas parece hablarme de lo que fue, de lo que somos y de lo que podría haber sido; y yo sigo allí, entre la tierra y el verano, haciendo de mi cuidado un acto silencioso de amor, u...

El Problema no es el Pasado

  La intoxicación del aire y la arrogancia del hombre La intoxicación del aire y la arrogancia del hombre O por qué un 35% de oxígeno bastaría para borrarnos Thomas A. Riani La humanidad vive de guerra en guerra y aun así se presenta como sorprendida, como si la violencia fuera una anomalía reciente y no su sistema operativo original. Antes de los Estados, antes de las banderas, antes de los libros encuadernados con solemnidad y culpa, ya nos partíamos el cráneo con piedras. La guerra no nació con los relatos sagrados: los relatos vinieron después, para ordenar el crimen, para darle coartada metafísica a lo que ya se hacía por miedo, territorio y estupidez. El hombre escribe historias para convencerse de que no es un animal. Luego las usa como permiso para comportarse peor que uno. Por eso el hombre actual se queja de todo. Del clima, del vecino, del precio del pan y del destino universal, mientras recicla conflictos...
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El Hombre Desclasificado Novela breve — ficción filosófica “Comprendí algo peor que el exilio: que la historia no nos necesita. Su ambigüedad no es un error a corregir, sino el precio de pensar sin consuelos.” Autor:  Thomas A. Riani SINOPSIS DE CONTRAPORTADA — EL ARCHIVO En la Moscú posterior a la muerte de Stalin, un científico soviético intenta destruir el Mausoleo de Lenin no por odio, sino para fracturar la mentira que ha convertido un cadáver en dogma. Su experimento —más filosófico que militar— no provoca una explosión: abre una grieta en la realidad y lo arroja a un planeta desconocido donde la materia misma funciona como memoria. Allí, Iván Aleksándrovich Zariádov descubre que el universo entero es un archivo vivo de patrones de poder, repetición y engaño. Cuando decide regresar, vuelve desplazado en el tiempo, sin identidad administrativa y bajo una vigilancia silenciosa que lo considera una anomalía imposible. Entre expedientes falsos, interrogatorios velad...

La Utopía

  La autopista de la utopía “No tememos al final del camino, sino a descubrir que nunca hubo una salida justa.” Thomas A. Riani La autopista de la vida no tiene partida solemne ni campanazo inaugural; nadie corta una cinta ni nos entrega un mapa. Más bien, nos encontramos ya en marcha, arrastrados suavemente por un impulso que precede a nuestra memoria, como pasajeros tardíos que descubren, con cierta turbación, que el tren lleva tiempo rodando. Creemos sostener el volante con autoridad, imaginando que cada giro es fruto de nuestra voluntad, cuando en verdad somos conducidos por una corriente más antigua y paciente que nosotros mismos. Pues ningún alma firma contrato para ingresar en este camino: simplemente abre los ojos y ya está dentro de él, avanzando, sorprendida y algo perpleja, en una travesía que comenzó mucho antes de que pudiéramos consentirla o comprenderla. La autopista de la utopía no comienza en un punto preciso. Aparece, como casi todo lo importante, cuando uno...

Nosotros, paisano

  “Nosotros, paisano” Por Thomas A. Riani Ser nosotros, paisano, no es palabra pa’ lucirse en charla vana; es pararse hombro con hombro cuando el destino nos gana. Es no huir cuando la tierra niega el pan y el cielo abruma, y afirmar la fe del hombre aunque la esperanza esfuma. Es partir el pan escaso con la mano del hermano, y ofrecer silencio y mate cuando duele lo humano. No es soltarle la rienda al potro de mala entraña, que el que nace entre cardales sabe domar la mañana. Cuando no queda ni ley, ni juez, ni cruz que ampare, queda el gesto solidario que al hombre al hombre lo ate. Y ese lazo —humilde y fuerte— más que espada o paredón, sostiene el hilo invisible que no quiebra a la nación.